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Fragmentos de la Obra
 
  Fragmentos del libro Piedra menuda

Subtitulo

En las siestas del verano
cuando quedábamos librados a la suerte
y eran nuestros
el corazón de las sandías
las doradas esferas de las naranjas
tenía lugar
el rito del amor
detrás de los postigos.
Lo presentíamos
porque los oficiantes
salían al resplandor de la galería
él
con un silbo en la boca
ella
con deseos de batir yemas
y quemar azúcar.
Una transparencia de dicha
sin nombre
hacía temblar
canceles
y jazmines.


Fin de domingo

Es el fin de la tarde
es el hastío
son plumas de congoja
cayendo hasta
los patios y la casa.
Los niños juegan todavía
se esconden
reaparecen
dando gritos de dicha no gastada
(salvo Manuel
que llora en los rincones
como si visionario
presintiera que le aguarda la vida).
Hay un largo silencio después de la alegría.
Ellas juntas despojos
y dejan rastros como quien no quiere
para que la memoria se sostenga
en el fervor de las conversaciones
en el pan y en el vino
festejando la boca.
Después llegan abrazos desmedidos
y un derroche de adioses.
Un último portazo
una bocina
hacen temblar los párpados.
Sólo resta asomarse
al precipicio de la noche
a su aire ciego
y desear que se atraviese un sueño.


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